En medio del silencio apreté firme mi mano. Los sonidos del exterior fueron fantasmas que se plegaron hacia otros planos, entregándome un paisaje libre. Sentí los pies en la tierra y cerré los ojos. Él no estuvo conmigo, lo que había inventado de su cuerpo había desaparecido.
En el cielo volaron mariposas; el sol brilló sobre mi cara derruida. Más que nunca, fue el momento para levantarme de la tierra.
El agua no tocó mi cuerpo.
Él había dejado de existir.
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